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Sobre el destino y esas cosas

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  Hoy quiero hablarles de un tema bastante complejo y a la vez muy cotidiano, y creo que la complejidad de este tema radica en la profundidad con la que lo analizamos y reflexionamos. Hoy les voy hablar sobre el destino, sobre el futuro, algo que nos hace sentir una peculiar necesidad para desentrañar lo que nos depara o tiene para nosotros, y considero que esa necesidad de conocer nuestro futuro depende básicamente de nuestros temores y miedos, específicamente a lo desconocido y a la incertidumbre. Lo primero que debemos entender sobre el futuro es que éste no está escrito, más bien está condicionado.   Debemos entender el fututo como un sinfín de posibilidades que en su mayoría dependen de nuestras acciones y decisiones. Es decir, que el futuro está condicionado a lo que hacemos ahora, en este preciso momento. Lo que significa que todos nuestros hábitos, decisiones, costumbres y lo que hacemos a diario, repetidamente, condicionará lo que seremos en un futuro y muy probable...

Acomplejados

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  Es totalmente absurdo cuando nos acomplejamos de nuestros defectos, cuando nos sentimos rechazados por algún aspecto de nuestra apariencia física que ni siquiera nosotros mimos vemos con agrado. Es algo absurdo porque de defectos todos estamos hechos, sin embargo, comprendo el sentimiento, pues en esta sociedad occidental materialista y sexualizada que ha establecido estándares para medir la belleza y el atractivo físico, cualquiera que no encaje en dichos parámetros es un total defecto del estatus quo que se ha determinado en el momento.   No debería sorprenderme ver tanta gente frustrada acudiendo a los quirófanos para que le traten su inconformidad, igual no debería sorprendernos porque el sistema se ha encargado de generar tantas personas acomplejadas, inconformes y sintiéndose infravaloradas por la misma sociedad en la que viven. Pero ¿qué se puede hacer si el sistema es así?, difícilmente podemos luchar contra el sistema y cambiarlo, lo que mejor podríamos hacer en e...

Pigmalión y sus vainas

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  ¿Puede una persona conseguir lo que se propone con la creencia previa de que puede conseguirlo? ¿Pueden las expectativas de otros condicionar o influir sobre el curso de nuestras decisiones, es decir que, puede una persona ser aquello que otros quieren sea? ¿Una profecía se cumple porque su destino es cumplirse o porque su oráculo condicionó a quienes la aceptaron, conduciéndoles a cumplir por sí mismo lo que estaba escrito? Existe una historia muy antigua, la cual se usa como referencia para dar explicación lógica a las preguntas formuladas anteriormente: “ Hace mucho tiempo hubo un rey en la antigua Chipre, el cual se llamaba Pigmalión, éste estuvo buscando durante mucho tiempo a una mujer con la cual casarse, pero tenía una condición: debía ser la mujer perfecta. Frustrado en su búsqueda, decidió no casarse y dedicar su tiempo a crear esculturas. Una de esas esculturas se llamaba Galatea, era tan bella que Pigmalión se enamoró de ella. Pasado ciertos días Pigmalión soñó que ...

La fe es para el alma lo que el oxigeno es para el cuerpo

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  Pocas veces me escucharán hablando de mi fe, a pesar de ser un teólogo de profesión y vocación, pues considero que al igual que cualquier otro aspecto personal de nuestras vidas, la fe es uno muy íntimo como para divulgarlo con todo el mundo. Sin embargo, no te hablaré de la fe como la idiosincrasia religiosa a la que cada individuo se inclina, por el contrario, me referiré a la fe como esa intimidad, como aquella relación entre el Creador y su creación, como aquello que nos une a pesar de nuestras diferencias.   Empezaré por decirles lo siguiente: es por la fe que entendemos que el universo fue creado por Dios, y así lo que se ve fue hecho de lo que no se veía . Sin embargo, tal afirmación nos parece tan sencilla que buscamos por medio de muchas teorías la complejidad de ese pasaje, como por citar algunas de estas teorías, tenemos las que más se mencionan: La teoría del universo oscilante, teoría del universo cíclico, teoría del estado eterno del universo y así todo tipo ...

Dios no existe, "entre comillas".

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  Recuerdo hace algún tiempo que un estudiante se levantó en medio de la clase, y me pidió la palabra porque quería hacerme una pregunta, recuerdo que estábamos en clase de religión y discutíamos los argumentos lógicos sobre la existencia de Dios, y decidí darle la palabra para saber qué sería aquello que él quería preguntar. La pregunta que enunció ha sido uno de los cuestionamientos más usados dentro del ateísmo para argüir en contra de la existencia de Dios: ¿Puede Dios crear un objeto tan pesado que ni Él mismo pueda levantar? O ¿Puede Dios crear un ser mucho más poderoso que Él mismo? Esta pregunta se asemeja a la paradoja de Dios que propuso Epicuro hace mucho tiempo para demostrar su inexistencia. Aunque yo no pretendo solucionar uno de los misterios más trascendentales para la humanidad, sí me gustaría demostrar que tanto aquel estudiante como Epicuro se equivocaron al intentar encerrarnos en una falacia circular, ante la cual muchos teólogos y teístas siempre tienden a ...

¿Nuevo orden mundial?

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Qué tal si reflexionamos con una pregunta (retórica) respecto a uno de los temas más presentes y que más confusión genera en la actualidad, y no precisamente por falta de información, por el contrario, es exactamente por la excesiva información lo que genera diferentes criterios en la sociedad: ¿Somos acaso víctimas de la manipulación que ejercen las más grandes industrias o grupos elites mundiales que, pretenden alcanzar sus propósitos egoístas usando a la humanidad, como si jugasen a ser dioses que deciden el destino de la raza humana?  Sin dudas, el brote del Coronavirus y el confinamiento mundial hicieron que la humanidad se aferrara aún más al beneficio de la duda, puesto que el cuentico de que nuevamente surge una enfermedad endémica provocada por algún animal ya está bastante trillado, y la duda colectiva no se ha generado solamente por la pandemia, sino que en estos momentos muchos de los grupos sociales que “luchan” por tener más libertades que otros, están siendo apoyados...

Las crónicas de una hecatombe anunciada

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  La sociedad del siglo XXI, el siglo del progreso, es víctima mortal del consumismo, tendencia que resulta directa o indirectamente de las empresas o industrias que nos venden los productos de primera o esencial necesidad o, bueno, eso nos han hecho creer (pues solo adquiriendo sus productos podemos ser felices.) La razón por la que digo esto es obvia, ya que el objetivo principal de una empresa es vender, y la fórmula para vender es sencilla: crear la necesidad en el individuo . Sin embargo, este axioma del consumismo se ha logrado gracias a las técnicas del marketing, que sin respeto alguno usan métodos de programación neurolingüísticas para manipularnos o hacernos dependientes de sus productos. Para nadie ha sido un secreto que, desde que se estableció la industrialización, las más grandes empresas luchan entre sí para apoderarse del mercado en toda su extensión, y nunca había sido posible lograr tal hazaña para una empresa hasta que la globalización y el internet se hicieron...